miércoles, julio 24, 2024

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Rafa Márquez: al eterno capitán de México le faltaba brillar en Netflix

Si tu legado no está en Netflix, no existes. Aunque suena a exageración flagrante, la frase revela la última moda de los grandes deportistas: tener un documental o incluso una serie. Del rey Michael Jordan a los que han intentado contar las mil resurrecciones de Diego Armando Maradona, Pelé, Serena Williams, o de equipos de fútbol. A quien le hacía falta una obra para encumbrar, aún más, el legado era a Rafa Márquez, el último gran defensa de México, el último gran capitán, el último hombre de mentalidad de acero.

Rafa Márquez: El Capitán (2024), dirigida por Carlos Armella, resume en poco más de una hora la larga trayectoria del exfutbolista. De emerger del fútbol en Zamora, Michoacán, a despuntar en el Atlas de Guadalajara. Fue, desde que empezó a jugar en la maltrecha Liga mexicana, un jugador sacado de la línea de producción. No era el típico defensor con cuerpo de armario, ni uno que disfrutara lesionando a sus rivales. Era un central con clase, con un toque prolífico. No por nada debutó en la selección mexicana a los 17 años, algo que genera repulsión entre los analistas de las televisoras mexicanas y que desata dudas entre los aficionados cada fin de semana. El camino de Márquez debería replicarse y expandirse en México, pero eso poco les importa a los directivos de los clubes mexicanos. Si México quiere cambiar su historia, debería ir al consultorio del doctor Márquez, en Barcelona.

El documental, con guion de León Krauze, le hace justicia a Rafa Márquez. Lo sitúa en el lugar que merece estar: en lo alto. En ese mismo peldaño está Hugo Sánchez, quien le dota de elogios. De hecho, los dos grandes ídolos mexicanos ya tienen una producción para verse en plataformas. En 2022 se estrenó otro gran documental, Hugo Sánchez: el gol y la gloria, de Francisco Javier Padilla. Ambas piezas resumen algo clave: el mexicano debe creer, debe ser un tanto pedante para protegerse de la crítica, debe ser mesurado.

Márquez se despidió del fútbol en 2018. Supuse, con mucho error, que sería elegido para hacerse cargo de la selección mexicana. No sé si la absoluta o una menor, pero el capitán zamorano debía ser parte de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF). A cambio, llegó Gerardo Martino, quien se encargó de estrellar el ya golpeado coche de la selección. El argentino comandó la eliminación en fase de grupos en el Mundial de Qatar, daños que aún siguen hiriendo a la FMF y al aficionado. Hoy México sufre. No ha habido quien llene, de momento, sus botines. Pudo ser Héctor Moreno, pudo ser Carlos Salcedo; puede ser César Montes, puede ser Johan Vásquez o Víctor Guzmán.

Es cierto, no todo es apología. A Márquez, en 2017, le ligaron con el narcotráfico. La Oficina de Control de Bienes de Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro incluyó al exdeportista en una lista de supuestos prestanombres del narcotraficante Raúl Flores. Eso fue un terremoto para la carrera del mexicano, que perdió prestigio, patrocinios y paz. Estuvo en riesgo su participación en el Mundial de 2018. Vivió una pesadilla. El tiempo le dio la razón: en septiembre de 2021, el nombre del exjugador del Barcelona salió de la lista. Sí conoció a la familia Flores, pero nunca se comprobó que lavara dinero. Al narco Raúl Flores le extraditaron a Estados Unidos por tráfico de droga. Nunca hubo una disculpa pública para resarcir la imagen de Márquez, quizás ahora la tiene en su documental donde por primera vez habla del caso.

Mientras el fútbol mexicano sigue en picada, la esperanza está en que el káiser mexicano pueda regresar a salvar a su selección si es que no se le atraviesa algún club de Primera División en España. Algún día será el turno del Rafa entrenador.

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