Por Abril Peña
El primer elemento que llama la atención no es el nombre, sino la forma, no hubo proclamación tradicional, ni acto de masas, ni discurso encendido. El anuncio se produjo de manera fría y casi administrativa, acompañado únicamente de un mensaje de agradecimiento en redes sociales.
Ese detalle, lejos de ser menor, revela algo importante:
la candidatura no nace de una campaña personal, sino de una necesidad institucional.
El PLD enfrenta hoy tres riesgos simultáneos:
- migración de dirigentes hacia la Fuerza del Pueblo
- traslado de cuadros medios hacia el oficialismo
- desmovilización de su estructura territorial
Un partido sin candidato competitivo no pierde elecciones: se fragmenta.
La historia dominicana reciente lo demuestra con el PRD. Por eso la selección no busca necesariamente el candidato más popular, sino el único capaz de congelar la fuga interna. Gonzalo Castillo, más que un aspirante, funciona como un punto de cohesión para un partido que intenta evitar su dispersión.
La variable judicial: más política que jurídica
El Caso Calamar inevitablemente rodea cualquier análisis. Sin embargo, el papel del proceso judicial no es necesariamente el de blindaje personal, sino el de factor político.
La sola condición de precandidato cambia la percepción pública de cualquier actuación del Ministerio Público. Cada paso judicial será leído por una parte del electorado como acción jurídica y por otra como acción política.
No significa que la candidatura busque inmunidad.
Significa que introduce una variable de alto costo político para cualquier desenlace judicial en pleno ciclo electoral.
La justicia deja de operar solo en el plano legal y pasa a convertirse en un actor indirecto del proceso político.
La verdadera consecuencia: bloquear la reunificación opositora
El efecto más inmediato de la precandidatura no es electoral, sino estratégico.
El nombre de Gonzalo Castillo hace prácticamente inviable una alianza entre el PLD y la Fuerza del Pueblo. Para el liderazgo leonelista, su figura simboliza el conflicto interno de 2019 que provocó la ruptura del partido.
En consecuencia, la oposición permanece fragmentada. Paradójicamente, la candidatura fortalece la estructura interna del PLD mientras dificulta la construcción de un frente opositor amplio, lo que beneficia indirectamente al oficialismo.
El objetivo real: llegar vivo a 2028
La pregunta clave no es si Gonzalo Castillo puede ganar la presidencia en 2026. La pregunta es si el PLD puede llegar intacto a la siguiente transición política.
Los partidos grandes rara vez desaparecen por derrotas electorales; desaparecen por implosiones internas.
El PLD parece haber optado por un candidato que funcione como dique de contención organizacional mientras gana tiempo para su renovación generacional.
En ese sentido, la candidatura opera como:
- figura de orden interno
- puente hacia nuevos liderazgos
- mecanismo para evitar primarias destructivas
No es necesariamente un proyecto de poder inmediato, una vez más es un proyecto de preservación.
Más que una campaña, una estrategia de supervivencia Mirar esta precandidatura solo desde el prisma electoral es perder la imagen completa.
El PLD no parece estar apostando todo a ganar en 2026, está apostando a no desaparecer antes.
Gonzalo Castillo no es solo un candidato…Es, posiblemente, el dique que intenta contener la erosión de uno de los partidos más influyentes de las últimas décadas.
La verdadera interrogante, por tanto, ya no es si su candidatura es viable electoralmente, la pregunta es otra:
¿puede el PLD renovarse a tiempo o esta será solo una pausa antes de su transformación definitiva?


